CAMPOS DE GOLF SIN MANTENIMIENTO

¿Cuánto podría sobrevivir un campo de golf si el mantenimiento se interrumpiera? Superintendentes y arquitectos comparten experiencias reviviendo “golfscapes”.

Junio 2020 | Hal Phillips 
Las podadoras fuera de la casa club del Wingpointe Golf Course en Salt Lake City se usan por los empleados del aeropuerto de Salt Lake City — que está junto al campo — para cortar las malezas periódicamente. El campo de golf está abandonado desde 2015. 

En la era del coronavirus, varias autoridades del golf — incluida la GCSAA — han hecho un admirable trabajo asesorando a técnicos del césped y dueños de campos, sobre cómo disminuir las prácticas de mantenimiento para cumplir con las reglas gubernamentales, modificando las formas de operar. Los superintendentes han hecho algo similar, usando sus propias redes de comunicación.

A comienzos de abril alrededor del 44% de los campos de golf del país tenían jugadores, de acuerdo a la National Golf Foundation. Ese porcentaje ha crecido a más del 90% para mediados de mayo, que fue fecha de publicación de esta edición de GCM. Estos números son alentadores cuando se comparan con el número de restaurantes, barberías y centros comerciales que han sido impactados por la cuarentena, por ejemplo.

Conforme el país se organiza con las complejidades de un reinicio, o de revivir patrones familiares de comportamiento — social, económico u otros — el golf parecía que podría liderar este regreso. Después de todo, las cuarentenas y el confinamiento tenían a la gente más alterada y aburrida que nunca. El golf es una de las pocas actividades que en sí misma tiene distanciamiento físico. Y un clima cálido solo hace más atractivo un día en los links.

Los Superintendentes que lidiaron con cierres temporales estarán satisfechos con esto. El trabajo realizado durante las restricciones fue hecho en el entendido de que algún día, de alguna manera, los golfistas regresarían. Era la premisa que soportaba toda la actividad, — ¿cómo mantener el campo, con la mitad del staff, hasta que el golf regresara?

Pero… ¿Y si eso no llega a suceder? A pesar de las esperanzadoras señales, parece que la catástrofe derivada por la pandemia del coronavirus será sustancial. El golf ya experimentó una pérdida de cerca de 150 campos al año después de la recesión económica del 2008. El clima económico actual tiene el potencial de hacer palidecer esas cifras, si podemos llegar a compararlas.

Mientras es imposible saber la dimensión de los daños que nos dejará esta pandemia, en relación a la posible pérdida de campos de golf, es seguro que incrementará las pérdidas en el balance de este año. Y aún entre la mayoría de los campos que no cierren, los efectos de todo esto serán significativos. Terry Buchen, Ex-Agrónomo del PGA Tour, consultor en césped y superintendente retirado, observa que, 12 años después del 2008, muchos de los campos de golf que él atiende hoy día, todavía están recuperándose de los efectos de los presupuestos diferidos desde 2008.

En los primeros días de la actual crisis, mientras los superintendentes estudiaban qué era permitido y qué no, más de uno expresó preocupaciones de sus comités y dueños sobre lo que podría pasar a sus campos de golf sin mantenimiento. Y esas preguntas permanecen, conforme el golf y el mundo se mueven hacia un futuro incierto.

Así que, siguiendo esa premisa, ¿qué tal si nos quitamos la idea de que los golfistas van a regresar? ¿Qué le va a pasar a las propiedades, los perfiles de suelo, la flora específica, el ambiente del campo en general; de aquí en adelante?

Nuevos Mundos

“Los campos de golf son ambientes naturales, pero están siendo administrados, y creo que eso será muy obvio muy pronto,” comenta Jason Straka, socio de la firma de Ohio Fry/Straka Golf Course Design. “Los mejores arquitectos son aquellos que aprovechan las ventajas que les otorga la naturaleza. Y cuando esto se hace de forma adecuada, estos detalles permanecen a pesar de que los golfistas se vayan.

“Por ejemplo, las vistas. Si tú cuentas con buenas vistas naturales en una propiedad, o las tienes que crear (moviendo árboles, haciendo montículos, etc.), ésas se mantendrán por un buen tiempo. Usted no necesita ser un golfista para disfrutar de una caminata por un bello campo con terrenos ondulantes. Eso no cambia”.

“La otra cosa que los campos ofrecen a los que no son golfistas es flexibilidad,” apunta Straka. “Esto es lo que quiero decir: en China, donde hemos trabajado un poco, le decimos a la gente que, en tiempos de necesidad, no puedes transformar un centro comercial en un campo de cultivo con facilidad, por ejemplo. Puedes con un campo de golf.”

thatch
Una muestra de un green tipo “push-up” del Oak Creek Club ubicado en Upper Marlboro, Md., sin mantenimiento por más de un año. 

El ejemplo de China es perfecto. Después de la reapertura del país a ideas capitalistas en la década de 1990, los desarrolladores chinos iniciaron una racha de 20 años construyendo campos de golf. Sin embargo, a principios del 2014 el presidente Xi Jinping dejó en claro que el golf ya no era favorecido como arma de desarrollo. En los años siguientes, más de 100 de los 500 campos del país fueron cerrados indefinidamente.

Muchos de estos campos fueron destinados a otros usos, como lo ha señalado Straka. Este ha sido el plan de muchos desarrolladores chinos: inciertos de qué hacer con las propiedades que habían adquirido, el golf probó ser una solución práctica. Dio empleo a trabajadores locales, lo que molestó a los burócratas (de quienes los desarrolladores habían comprado las tierras). Esos campos también generaron algunas utilidades, hasta que se ideara un mejor uso para las propiedades.

El resultado final: hay docenas y docenas de campos de golf en China que se han vuelto terrenos baldíos, sin planes de reapertura. ¿Qué tan rápido, y cómo, la naturaleza reclama lo suyo?

El largo camino de regreso

El superintendente Roger Goettsch, estuvo en uno de estos ejemplos. Él pasó 10 años al frente del Shanqin Bay Golf Club, en la isla subtropical de Hainan que es parte de China. Shanqin Bay fue considerado el mejor campo de China desde el día que abrió en 2009. Fue el primer campo chino que figuró en las listas mundiales del top-100.

Pero en 2017, el gobierno chino canceló el permiso del club sobre el hoyo 17, un majestuoso par 4 junto al mar. Goettsch se vio obligado a dejar de mantener dicho hoyo; tuvo incluso que plantar pinos en el fairway. Después trató de rescatar el hoyo — pero el club, temeroso del gobierno, abandonó la iniciativa.

“Ya he pasado por este proceso,” comenta Goettsch, miembro de la GCSAA por 42 años y que ahora es director de operaciones del campo de golf en el Coto de Caza Golf & Racquet Club de Trabuco Canyon, Calif. Durante las primeras semanas de la pandemia, no se permitió el juego en Coto de Caza, pero el trabajo de mantenimiento continuó. Coto de Caza abrió al juego, con restricciones, a finales de abril.

“No hicimos nada en el 17 por más de un mes (en Shanqin Bay),” dice Goettsch. “Luego regresamos y quitamos todos los árboles, emparejamos el fairway y lo dejamos en condiciones de juego. Nos tomó un mes con todo el staff para hacerlo, pero teníamos el clima de nuestro lado. En caso contrario, tomaría más tiempo.

“Mantuve el riego funcionando, lo que fue un factor crucial. Voy a decir que sin químicos, sin fertilizantes, sin riego, usted puede recuperar un campo de golf que haya permanecido 60 días cerrado. Le tomará un mínimo de 45 días recuperarlo en ese ambiente. Eso marca una gran diferencia. En un ambiente más frío, como el norte de E.U., usted puede dejar el campo y el bentgrass se irá en picada más rápido. El clima es un factor importante. En Houston, usted tendrá mayor humedad, lluvia y presión de enfermedades que en Palm Desert.”

Roger Goettsch, CGCS, sacó de juego el hoyo 17 del Shanqin Bay Golf Club, lo recuperó, solo para dejarlo ir por órdenes del gobierno chino.
casuarinas
El retorno del hoyo a la naturaleza incluyó le plantación de casuarinas en el fairway.

“El período crítico en el norte es junio, julio y agosto,” afirma Goettsch. “Si tú no riegas, vas a perder todo. En abril, estás saliendo de la dormancia. Puedes estar bien un mes sin hacer gran cosa y estarás OK, — pero si te descuidas en junio, ya es una cosa distinta.

“En algún momento no tiene caso arreglar lo que tienes. En un campo viejo con greens con 4 pulgadas de thatch y otros problemas de drenaje, no hay mucho que hacer. Eventualmente, lo mejor es renovar todo el campo.”

Si la primavera fuera eterna

Es muy ilustrativo escuchar a Goettsch y otros sobre este tema. Es difícil para ellos separar el campo de los golfistas. En cierta forma, es como un experimento macabro. Para ellos, aún con los campos cerrados por meses o años, está la posibilidad de reabrir — golfistas regresando a jugar en algún momento en el futuro — que anima el debate.

“Estuve en un proyecto en San Antonio que estuvo cerrado varios años. No era posible recuperar el campo de golf, después de cierto tiempo, sin una renovación completa,” afirma Goettsch. “Tienes árboles creciendo por todos lados, todo tipo de malezas. Parece una pradera de agostadero, no un campo de golf. Realmente te preguntas: ¿por dónde empiezo?’

“Y la mayoría de los problemas estaban bajo el suelo, para ser sinceros. Los problemas en raíces en todo el pasto eran masivos. El drenaje sería un serio problema también, lleno de raíces y residuos de plantas. Cuando dejas a la naturaleza hacer lo suyo, las cosas crecen y las raíces van cada vez más profundo. Todo en el suelo — lo cual ni siquiera ves — se deteriora. Todo lo que esté allí se puede dañar y necesitará su reemplazo.

“El riego se puede salvar,” apunta Goettsch, “pero las válvulas son la clave aquí. Si no se usan por un tiempo, digamos un año, no estarán operables — aunque eso depende de la calidad de la misma.”

Cualquier superintendente con tiempo en el medio (también arquitectos), ha tenido experiencias con campos deteriorados. Y todos ellos abordan el reto con la intención de que regresen los golfistas a esas propiedades. Cuando ves la imagen de un campo sin golfistas, debes tener esto como objetivo: los golfistas.

Buchen está trabajando ahora en el rediseño de un campo que estaba junto al aeropuerto de Salt Lake City. Bueno, técnicamente sigue allí — pero ha estado cerrado a los golfistas desde 2015.

El campo de golf Wingpointe de Salt Lake City, diseñado por Arthur Hills y Steve Forest en los 1980s, fue un campo semi-privado muy popular por muchos años, y donde la estrella del PGA Tour Tony Finau aprendió a jugar.

“También he trabajado en un par de desarrollos con casas a los lados de los fairways,” dice Buchen. “El asunto es que, en áreas donde llueve, aún si cortas a 6 pulgadas de altura, el Poa te va a invadir rápido. El césped no tolerará que lo podes tan alto, y ni qué hablar de un green.

“Eventualmente, se ve como un campo de cultivo. Todo está invadido. Usted puede ver donde estaban los bunkeres, greens y tees, pero los fairways son simplemente unos terrenos vacíos. Es muy triste, como todo lo que ha sido olvidado. Si usted mira un lote baldío, se ve justo como eso — una masa de color café. Si hay algo verde, son las malezas.

Baldío
El agrónomo Terry Buchen está apoyándose con varias entidades, incluyendo la ciudad de Salt Lake City, para estudiar la posibilidad de reabrir el campo que ha estado cerrado desde 2015.

“Trabajando con este tipo de desarrollos, me parece que tienen una ventaja,” afirma Buchen. “Las casas y las colonias estaban bien. De todos los colonos con los que hablé, la mayoría esperaba que se reactivara el campo. El por qué no adquirieron el campo, sería interesante saberlo. Pero aún usaban el campo. Salían a pasear a sus perros. Los “cart paths” estaban llenos los fines de semana — gente caminando en ellos más que en los fairways. Aunque algunos preferían el césped.”

Nota del Editor: En su artículo Assessing golf course infrastructure, Terry Buchen analiza la vida útil de las construcciones para ayudarlo a planear los trabajos de renovación en su campo de golf.

Plan de Secesión

Como muchos arquitectos de campos de golf, Straka estudió arquitectura paisajista en la universidad. En clases de ecología los estudiantes son instruidos en este proceso de dejar espacios de reserva. Se le llama “secesión,” y es algo muy predecible.

“Bueno, lo primero que sucede es que la maleza comienza a crecer,” dice Straka. “Usted tiene un banco de semillas muy abundante en el suelo, aún en un contexto de manejo intensivo, como su campo de golf. Esas semillas pueden estar allí por décadas. Además, las semillas son arrastradas por el viento o por las aves. Así que la maleza viene primero, y al ver ese proceso, te hace dar cuenta de cuánto herbicida se usa para operar bajo circunstancias ‘normales’. Esta es la razón del por qué el manejo orgánico resulta muy costoso”.

“Después vienen las especies pioneras — arbustos y árboles de rápido crecimiento. Y dependiendo del lugar, crecen muy rápido. Estos proveen protección para los maples, robles y pinos. Básicamente, en la mayor parte del terreno, la naturaleza solo intenta regresar a la cobertura forestal original. El campo de golf no se escapa de esta dinámica natural.”

El Oak Creek Club de Upper Marlboro, Md., que fue cerrado en 2011, y un año después, el búnker ya está invadido de malezas y arbustos. El agrónomo Terry Buchen evaluó el Oak Creek Club en 2012 para una posible reapertura.
Lo que era un par 3 del Oak Creek Club in 2012.

Los campos de golf han estado yendo y viniendo, desde que comenzó la bonanza. En la China de hoy, han cambiado a campos agrícolas, parques, zonas industriales o residenciales. Durante la Segunda Guerra Mundial, muchos campos fueron abandonados y nunca se recuperaron — recuerde el campo

Lido Club, la joya perdida de C.B. Macdonald en Long Island. Hoy día, el sitio es una primaria. Otros campos tipo links (principalmente en el Reino Unido) se convirtieron en aeropuertos — algunos fueron rescatados, otros no. Docenas de campos de golf en E.U. se construyeron en grandes zonas metropolitanas. Muchos fueron vendidos para desarrollos habitacionales. A veces, el club tomaba el dinero y se reubicaba en zonas rurales (de aquí el nombre de “country” clubs). Otras veces, tomaban el dinero y se esfumaban.

Estudiando las pistas

En ocasiones, puede ser divertido caminar una propiedad buscando pistas del campo de golf abandonado. Un terraplén o algunos montículos dispersos pueden quedar. Pero la realidad es que la mayoría de los campos abandonados son re-direccionados a otros usos. Para un fan de la industria del golf es algo difícil de aceptar. Y esto es parte de la ansiedad inherente con la pandemia del coronavirus. Sabemos de antemano que este será el destino de muchos campos de golf en los próximos meses.

Si un campo regresa a la naturaleza, como estaba, el mejor modelo de este trabajo puede ser el Acacia Country Club. El diseño de Donald Ross abrió al juego en 1925, a las afueras de Cleveland, en la colonia Lyndhurst. Tuvo problemas financieros después del 2008 y en 2012, los accionistas del club vendieron la propiedad a un fideicomiso de Conservación. Este grupo sin fines de lucro pagó más de 14 millones de dólares, muy por debajo de su “valor de mercado.” A través de numerosas donaciones, al fideicomiso finalmente donó la propiedad a Cleveland Metroparks, que lo renombró como Acacia Reservation.

Hoy día esos 155 acres son un parque. No se ha convertido en un terreno baldío, que digamos. No todo al menos. Se han plantado casi 6,000 árboles y arbustos nativos. Se han hecho senderos. Han surgido los arroyos que alimentan Euclid Creek. Esto se ha publicitado como una “restauración,” pero un superintendente o arquitecto saben que esto es “landscape management” (manejo de paisaje).

La ciudad de Cleveland reporta que más de medio millón de personas visitaron la Reservación Acacia, en sus primeros cinco años de operación (iniciando en 2014). Esa gente se la puede ver corriendo, en bicicleta, observando aves, paseando a sus perros o detrás de una carreola — guardando su distancia, por supuesto. Algunos seguro son golfistas, pero Acacia es el ejemplo de que un campo de golf sin jugadores puede tener un destino productivo.


AUTOR: Hal Phillips es el Director de Golf y Resorts de Mandarin Media, una firma de relaciones públicas con oficinas en Portland, Maine; en Park City, Utah y en la ciudad de Ho Chi Min, en Vietnam. Fue también editor de Golf Course News.

TRADUCTOR: IA Mauricio Aguirre García. Servicios de Atención al Cliente y Equipos Especializados Toro en TERMSA.

PUBLICACIÓN: Golf Course Magazine. Junio 2020. Título Original: Golf courses without maintenance. https://www.gcmonline.com/course/maintenance/news/abandoned-golf-courses